viernes, 23 de octubre de 2020

Puré de calabaza y patata

 Que me gusta el otoño ya lo sabéis porque estoy siempre con la cantinela, así como experimentar con sus productos. Hoy la receta va de acompañamiento y de la reina del día de los Santos o Hawollen, que para eso lo hemos adoptado: la calabaza. He aprovechado este puré para utilizar el microondas, que tan poco uso le doy, y poder participar en el proyecto de Elisa y Marisa, "en buena onda", que persigue enseñar a cocinar con él. Se ahorra tiempo y se ensucia poco, lo que es de agradecer y también para ir haciendo progresos con algún electrodoméstico más, pues me ciño demasiado al horno y la vitro. Otra forma de ampliar mi universo gastronómico, podría añadir que casero, pero como algunas veces, me atrevo a innovar en la cocina, me voy a dar el gustazo de nombrarlo de forma más grandilocuente. Es la ventaja de tener un blog personal, podemos atribuirnos los títulos que nos apetezcan. Bueno, mejor me pongo a la receta, que me estoy viniendo arriba.



Pues lo dicho, esta receta va para el proyecto de Elisa y Marisa "en buena onda" en el que todos podemos participar los 15 de cada mes. 



Ingredientes:
-200 g de calabaza cacahuete
-250 g de patatas
-100 ml de leche
-1 c/s de de mantequilla
-Sal y pimienta




Preparación:
En un recipiente apto para microondas ponemos la calabaza pelada y cortada en trozos y unos dos dedos de agua. Tapamos y cocinamos diez minutos a máxima potencia. Sacamos y comprobamos que está tierna pinchando con un tenedor, si no es así, introducimos unos minutos más. Aún caliente la pasamos por un pasapurés. Hacemos lo mismo con las patatas, yo las tuve un par de minutos más. Una vez pasadas por el pasapurés también, mezclamos junto a la calabaza con la mantequilla, la sal, la pimienta y la leche. La cantidad de leche va a depender de cómo lo queramos de espeso, yo como lo quería de acompañamiento, no lo hice blandito. Probamos el punto de sazón y listo.





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martes, 20 de octubre de 2020

Rollitos de lechuga rellenos de mortadela

Hay muchas formas de comer carne y por tanto de presentarla. Yo que soy poco carnicera, prefiero este tipo de recetas que no implican necesariamente un chuletón u otro corte para degustarla. En el interior de unas hojas de lechuga, combiné una mortadela con otros ingredientes de mi antojo, descubriendo una buena fórmula, después solo las pasé por la sartén. Y nada más. Y nada menos. Me gustó su frescura y no por la temperatura, sino por la originalidad. Para apañar una cena rápida son ideales y ligeros, con un sabor increíble. ¿Que no os gusta el relleno? Lo cambiáis, lo que tengáis en casa, cocina imaginativa. Aprendí a utilizar la lechuga en recetas calientes, a partir de algunas que le vi a Elisa de Que no te falte un perejil, después descubrí muchas otras en distintas preparaciones, todas muy buenas. Ahora he puesto a prueba la mía y como el resultado me ha gustado, aquí la traigo, no será la última. Es lo que tiene mantener un blog activo, para avivar la llama de la creatividad debe haber un soplo continuo. ¿O no?



Como la considero una receta de aprovechamiento o que puede serlo, la incluyo dentro del proyecto 1+/-100 desperdicio 0 llevado a cabo por Marisa, para concienciar del ahorro, el constante desperdicio y la defensa del medio ambiente.



Ingredientes:
No pondré cantidades, pues dependen de los ingredientes que utilicemos y el número de rollitos que hagamos.
-Lechuga iceberg
-Mortadela
-Queso de cabra
-Ciruela roja
-Aceite



Preparación:
Sacamos con cuidado las hojas de la lechuga, pues se rompen fácilmente. Se lavan y se secan. Se colocan sobre una superficie plana, se les quita el trozo duro y se rellenan con trocitos de mortadela, trocitos de queso, al que le quité la corteza y ciruela en gajos. Se enrolla la lechuga y se sujeta con uno o dos palillos. Cuando tengamos los que queremos preparar, se marcan en una sartén con un poco de aceite por todas las caras, la lechuga quedará algo más blandita. Y ya está.



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viernes, 16 de octubre de 2020

Pastel de tortillas de conservas de pescado

Resulta que me llega una visita inesperada, -ayy, y yo con estos pelos! Y es que el momento requiere poner algo de comer. Miro en la nevera: -Tengo huevos. Miro en la despensa: -Tengo latas de conservas de pescado. -Se me enciende la luz: -Pastel de tortillas de pescado. Si funciona con verduras, ¿quién dice que con latas de pescado no? A probar que voy. Una vez hecho, visualmente es bonito, ahora queda la cata. Lo voy a acompañar de mayonesa casera, mi bombilla imaginable me dice que sí. Sentados a la mesa, veo que gusta, se me ha ido la mano en la sal, no tenía que haberle puesto a los huevos, las conservas llevan, por lo demás no hay problema. Alguien dice: -Que original y rico. Otros : -Me lo apunto para hacerlo en casa. Todo un éxito. Yo también me lo apunto para hacerlo en casa. El experimento ha salido bien.



Más trabajo para mi querida Concha, no la dejamos descansar, pero es que ese Club de la tortilla perfecta nos tiene abducidas y siempre pensamos en llenarlo más y más. Enga, que no decaiga.



Ingredientes:
-6 huevos
-1 lata de atún (80 g)
-1 blister de anchoas (60 g)
-1 lata de caballa (65 g)
Mayonesa:
-1 huevo
-Sal
-Zumo de limón
-200 ml de aceite de girasol




Preparación:
Preparamos en primer lugar la mayonesa. Ponemos el huevo en un vaso batidor, la sal, el zumo de limón y el aceite. Metemos la batidora hasta el fondo y una vez hayan ligado los ingredientes, la vamos subiendo arriba y abajo despacio hasta conseguir que se integre todo. Reservamos. Batimos dos huevos y les añadimos el contenido de la lata de atún, sin tirar su aceite, pues nos va a servir para cuajar la tortilla. Mezclamos bien el atún con los huevos y cuajamos en una sartén no muy grande con su aceite, damos la vuelta con un plato para que se haga por ambas caras. Hacemos lo mismo con la tortilla de anchoas y la de caballa. En un plato un poco más amplio que las tortillas, ponemos la primera, la cubrimos con una cucharada de mayonesa, encima ponemos otra tortilla y otra cucharada de mayonesa, por último colocamos la tercera y coronamos con mayonesa también. Y listas para consumir.



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martes, 13 de octubre de 2020

Tortitas de boniato

 El boniato, o batata, es un producto otoñal por excelencia, representativo  de lo más dorado de la estación. Lo aprovecho al máximo, pues aunque ahora lo encontramos durante todo el año, un boniato en el mes de julio... no pega. Todavía recuerdo que junto a los primeros fríos que notaba, mientras volvía del colegio por las tardes, se unía el olor a boniatos asados que salía de casa nada más atravesar la puerta, y la alegría que sentía al saber lo que había de merienda o cena. Desde entonces sigo con la práctica de alegrarme la vida y en cuanto mi cuerpo me pide la rebeca, ya voy calentando el horno. Son esos pequeños placeres, que llenan de sabor la vida y que pueden ser muy grandes en muchos momentos. Si hoy los presento en modo tortitas es porque están buenísimas también, y partiendo de boniatos asados, no se tarda nada en hacerlas, menos aún en comerlas. Les he puesto una pizca de sal, pero si queréis tomarlas dulces, no se la pongáis y regarlas con un chorrito de miel. De cualquier forma merecen la pena.


Ingredientes:

-200 g de boniato asado
-80 g de harina
-2 huevos
-2 unidades de clara de huevo
-60 ml de agua
-Aceite y sal



Preparación:

Quitamos la piel al boniato y sacamos su carne. En el vaso de la batidora mezclamos el boniato, los huevos, las claras, el agua, la harina y una pizca de sal. Batimos hasta obtener una masa homogénea. En una sartén con un poco de aceite, vertemos cuatro cucharadas de la mezcla, cuando empiece a cuajar damos la vuelta a la tortita hasta que quede hecha. Repetimos el proceso con el resto de la masa. Yo las acompañé con uvas, pero lo podéis hacer con lo que más os guste.






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viernes, 9 de octubre de 2020

Arroz con garbanzos

De mi abuela heredé el gusto por el arroz con habichuelas, aún continúo con la afición de cocinarlo, pero no así con garbanzos por lo que me he puesto manos a la obra, ya que si funciona con habichuelas, funciona con garbanzos. Con una base de verduras, legumbre, que he empleado cocida, y los hidratos del cereal, he preparado un plato barato y nutritivo, ideal para los días fríos que van acechando. Lo he dejado un poco caldoso para complacer a mi santo, si os gusta seco solo hay que reducir el caldo. No he añadido ningún ingrediente cárnico, pues lo preferimos en versión vegetal, pero quienes gusten de algo más de caloría, un chorizo, una morcilla o una panceta, le van bien. Como es tan ligero, lo engullimos en un santiamén, y que bueno estaba! Y lo que digo siempre, comer sano no tiene porqué ser caro.

Ingredientes:

-1 cebolla
-2 dientes de ajo
-1 pimiento verde
-150 de judías verdes
-1 tomate pera
-1 c/s de pimentón
-100 g de garbanzos cocidos
-100 g de arroz
-600 ml de caldo de verduras
-1 sobre de azafrán molido
-Aceite y sal


Preparación:

Pelamos y picamos la cebolla y el ajo menudos, partimos el pimiento en rodajas y las judías verdes en trozos después de quitarles los hilos laterales y las puntas. Comenzamos a sofreírlos por ese orden, menos las judías, en un fondo de aceite. Mientras, rallamos el tomate desechando la piel. Añadimos a las verduras. Cuando haya perdido el agua, incorporamos la cucharada de pimentón, damos unas vueltas y enseguida vertemos el caldo, también las judías verdes. Cocinamos unos diez minutos para que las judías pierdan tersura e incorporamos el arroz. Sazonamos y ponemos el sobre de azafrán. Aproximadamente a los diez minutos agregamos los garbanzos. Otros cinco minutos y listo para degustar. Y no tardéis mucho en las fotos, si las hacéis o se os pasará como a mi.




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martes, 6 de octubre de 2020

Natillas de chocolate sin huevo

Iba siendo hora ya de que pensara en un postre, y que fuera de chocolate para dar salida a un bote de cacao empezado que tenía en la despensa. Unas natillas han sido mi elección, son más fáciles de preparar que las clásicas de vainilla con huevo y a ricas no hay quien les gane, eso sí, para amantes del más puro sabor a chocolate. Las he servido en pequeños cuencos y como aguantan bien en la nevera varios días, no hay problema para tomar una en el postre, o en la merienda, o en un tentempié, cuando nos apetezcan, pero si las tomamos tres veces en el mismo día, la cosa cambia.
He de reconocer que una de las razones por las que me gusta la repostería sencilla, además de la poca dificultad, es por la escasez de utensilios que se necesitan para prepararla, en este caso con un cazo, un cuenco y una varilla ha sido suficiente. Para mi el cariño y mimo que se pone mientras mezclamos, cocemos y servimos, se nota en el resultado, único, porque no hay dos exactamente iguales. Ahí es donde reside la importancia de nuestra cocina,  ya que hemos educado el gusto de la familia. Para tenerlo en cuenta.
Nota: esta receta la vi en: Directo al paladar




Al ser una receta de aprovechamiento se acomoda perfectamente en el proyecto de nuestra amiga Marisa dedicado a la reducción de desperdicios, ahorro y defensa del medio ambiente: 1+/-100, desperdicio 0




Ingredientes:
-500 ml de leche
-60 g de azúcar
-50 g de cacao en polvo
-30 g de maizena
-40 ml de nata líquida



Preparación:
Mezclamos el azúcar con la maizena. En un cazo ponemos la leche, la nata y el cacao. Añadimos la mezcla de los ingredientes secos y comenzamos a cocinar sin dejar de remover. Cuando hierva la mezcla, retiramos del fuego y lo repartimos en vasitos. Dejamos enfriar y ¡a comer!






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viernes, 2 de octubre de 2020

Pierna de cordero al oloroso seco

 Cuando cocino una receta de cordero para el blog, siempre imagino las fotos tipo bodegón de Zurbarán. Debe ser que tenía la misma dificultad para la composición que yo y por eso algunas, (la mayoría) son tan simples. En una de ellas, Agnus Dei, aparece un cordero ocupando todo el óleo, quizás sea eso lo que mi cabeza ha retenido para cuando retrato una comida de este animal. En realidad la receta era con codillos y a última hora decidí comprar la pierna; cuando tengo dudas suelo inclinarme hacia esta carne, no me preguntéis porqué. Quedó muy rica, pero debido a que le pedí al carnicero que me cortara filetes gruesos, necesita un tiempo largo de cocción para que  se despegue del hueso. Lo tengo en cuenta para la próxima vez. La salsa se puede triturar si os gusta más fina y espesita, pero aviso que la tentación de mojar barquitos de pan es infinita. Vosotros veréis.

Ingredientes:

-1 pierna de cordero
-1 cebolla
-1 zanahoria
-1 hoja de laurel
-2 clavos
-4 granos de pimienta
-2 litros de agua (aprox.)
Salsa
-1 tomate
-2 dientes de ajo
-1 cebolla
-1/2 l de vino oloroso seco de Jerez
-Aceite y sal


Preparación:

Ponemos a cocer los trozos de carne con la cebolla, pelada y troceada en cuartos, la zanahoria, pelada y cortada en dos, el laurel, los clavos, la pimienta y el agua necesaria para cubrir la carne y un poco más. Llevamos a ebullición y cocemos hasta que se ponga tierna, va a depender del tamaño de los trozos y la clase de carne, yo la tuve una hora y media. 
Preparamos la salsa, para ello picamos los ajos y la cebolla, comenzamos a freír. Cuando estén tiernos añadimos el tomate rallado y cocinamos también. Vertemos el vino y dejamos unos minutos. Sazonamos. Colocamos la carne en la salsa, cubrimos con el caldo de cocción. Dejamos hacer hasta que la carne termine de hacerse. Comprobamos el punto de sal y ya está.



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