Pues no. No es una pizza, que os conozco y sé que lo estáis pensando. Tampoco pudo ser una empanada porque solo tenía una masa de hojaldre, pero os aseguro que salió algo más rico que ambas dos. Hay un contraste de sabores muy interesante entre el dulzor de la calabaza, el aroma de la canela, el sabor terroso de las setas, que junto a la textura del hojaldre y el gusto intenso del queso, atesoran la mejor unión. Si solo de pensarlo ya saliváis, esperad a probar y comprobar lo pronto que se acaba. Para ser una receta que salió un poco a voleo, es de las de apuntar con el fin de repetirla exactamente igual. Aunque también digo que es perfectamente tuneable. Y ya puestos, si lo acompañáis con un vermut o vino blanco, veréis lo agustito que se siente el personal.
Ingredientes:
-1 lámina de hojaldre
-700 g de calabaza cacahuete
-250 g de setas variadas de cultivo
-150 g de bacon
-8 ajos frescos
-30 g de piñones
-80 g de queso de oveja
-Aceite, sal y canela
Preparación:
Pelar la calabaza y trocearla en dados, ponerle sal y canela, introducir en el horno a 200 grados unos 20 minutos, hasta que esté tierna. Triturar. Reservar.
Limpiar los ajetes quitándole los pelos de la cabeza y la primera capa de su piel. Trocearlos menudos y comenzar a sofreirlos en un fondo de aceite. Añadir las setas. Sazonar. Incorporar el bacon.
Meter el hojaldre en el horno siguiendo las instrucciones del fabricante.
Tostar los piñones.
Una vez tengamos todos los ingredientes preparados, montamos el plato. En el fondo del hojaldre extendemos el puré de calabaza. Sobre él repartimos el sofrito de setas. Rallamos el queso y lo espolvoreamos por encima. Hacemos lo mismo con los piñones.
Y listo para consumir.

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